La alimentación saludable y no saludable se interpreta de muchas maneras: por frecuencia, preparación, contexto o costumbre. Te invitamos a mirar sus diferencias.
Hablar de alimentación saludable y no saludable no se limita a enlistar lo que sí o no se debería comer. Estas ideas también se construyen a partir de rutinas, formas de preparar los alimentos, hábitos recurrentes y respuestas que se dan casi sin pensarlo. La práctica diaria, más que lo teórico, suele marcar esa diferencia.
En este recorrido vamos a observar cómo influyen esos detalles del día a día en la forma en que se perciben ciertos platos o ingredientes.
¿QUÉ SE ENTIENDE POR ALIMENTACIÓN SALUDABLE Y NO SALUDABLE?
La expresión alimentación saludable y no saludable suele asociarse con listas de alimentos permitidos o prohibidos, pero esa mirada simplifica una realidad mucho más compleja. Las interpretaciones varían según el entorno, las costumbres, las experiencias personales e incluso el momento en que se consume un plato.
Una misma preparación puede verse como parte de una elección especial o de una rutina habitual, dependiendo del contexto. Por eso, más que centrarse en los ingredientes por separado, conviene observar cómo influyen la preparación, la frecuencia y el significado que se le da a lo que se come.

ELECCIONES DIARIAS: ENTRE COSTUMBRE, TIEMPO Y SABOR
Lo que comemos no siempre responde a una decisión pensada con anticipación. Muchas veces, se elige por costumbre, por antojo, por el tiempo disponible o porque es lo que hay en el refrigerador. Preparar un arroz con papa y zanahoria blanca puede ser una opción recurrente para el almuerzo, mientras que un pie con frutilla o una porción de canguil se reserva para un momento más relajado.
Estas prácticas no son necesariamente constantes. Lo que hoy se percibe como parte de una alimentación saludable y no saludable, mañana puede cambiar según el ritmo de vida o el entorno familiar.
TÉCNICAS DE PREPARACIÓN: ¿INFLUYEN EN CÓMO SE PERCIBE EL PLATO?
Una misma materia prima puede adquirir significados distintos según cómo se prepare. Por ejemplo:
- El zuquini a la plancha puede percibirse distinto al zuquini apanado.
- Un choclo cocido con cebollino y culantro puede tener otra lectura que el mismo choclo en un pie con tocino.
- El fréjol cocido con zapallo no se interpreta igual que si se sirve con mantequilla y queso en un pastel salado.
Las formas de cocción —como hornear, apanar o preparar en parrillada— moldean también cómo se entiende la alimentación saludable y no saludable en la práctica.

PLATOS DE UNA ALIMENTACIÓN SALUDABLE Y NO SALUDABLE
LA ALIMENTACIÓN SALUDABLE Y NO SALUDABLE NO SE MIDE POR UN SOLO ALIMENTO
Clasificar lo que comemos por ingredientes aislados puede llevar a simplificaciones. Un pastel con remolacha, maicena y frutilla puede parecer menos "liviano", pero eso no lo define por completo. Lo mismo ocurre con una cena de pavo, vainitas, papa y ají.
No se trata de contar alimentos por separado, sino de observar el conjunto: qué se mezcla, cómo se prepara, con qué frecuencia se consume y cómo forma parte de la rutina.

INGREDIENTES TRADICIONALES EN DISTINTAS COMBINACIONES
Muchos ingredientes de uso común en Ecuador aparecen en platos que se consideran tanto parte de la alimentación saludable y no saludable, dependiendo del resto de elementos del plato. Por ejemplo:
- El aguacate puede estar en un sánduche rápido o en una ensalada con rúcula y cebollino.
- La remolacha acompaña tanto una humita con zapallo como un pastel horneado con choclo.
- El ají puede realzar una preparación con papa y pimiento o una receta de parrillada.
Cada cuerpo, cada mesa y cada momento hacen que la alimentación saludable y no saludable tenga múltiples formas. Esa variedad también merece un lugar en la conversación.
Fuentes:
